Bodas de Aguamarina
El 21 de febrero, como de año en año, todos los animales del bosque se apiñaron nuevamente para escuchar al sabio emplumado.
—Saludos, Búho —dijeron—. Cuéntanos este año por qué han dispuesto los seres humanos que los matrimonios que cumplen veintitrés años celebren las Bodas de Aguamarina.
Y esto fue lo que oyeron decir del búho:
—Verán, la aguamarina es una piedra semipreciosa, variedad del berilo, de delicado color azul claro o verde azulado. Su nombre proviene del latín aqua marina, “agua del mar”. Desde la Antigüedad ha simbolizado la calma, la claridad emocional, la protección y la comunicación sincera. Se creía, además, que resguardaba a los marineros en sus travesías y los guiaba a puerto seguro.
Y, como ya era costumbre, la insolente culebra interrumpió al sabio búho para increparlo:
—¿Y qué tiene todo eso que ver con los veintitrés años de un matrimonio?
—Verás, culebra —respondió el búho—, a los veintitrés años la unión ya es sólida y probada. Hay profundidad emocional, más serenidad que euforia, y un amor claro, sin idealizaciones ingenuas. Como la aguamarina, el vínculo ha aprendido a ser transparente y firme, y a protegerse de las tempestades externas sin perder su calma interior.
Y de esta forma, una vez más, la víbora quedó estupefacta, mientras el resto de los animales se retiraba complacido, ya ansioso por congregarse el año próximo para conocer, de buena tinta, el misterio de las Bodas de Granito
—Saludos, Búho —dijeron—. Cuéntanos este año por qué han dispuesto los seres humanos que los matrimonios que cumplen veintitrés años celebren las Bodas de Aguamarina.
Y esto fue lo que oyeron decir del búho:
—Verán, la aguamarina es una piedra semipreciosa, variedad del berilo, de delicado color azul claro o verde azulado. Su nombre proviene del latín aqua marina, “agua del mar”. Desde la Antigüedad ha simbolizado la calma, la claridad emocional, la protección y la comunicación sincera. Se creía, además, que resguardaba a los marineros en sus travesías y los guiaba a puerto seguro.
Y, como ya era costumbre, la insolente culebra interrumpió al sabio búho para increparlo:
—¿Y qué tiene todo eso que ver con los veintitrés años de un matrimonio?
—Verás, culebra —respondió el búho—, a los veintitrés años la unión ya es sólida y probada. Hay profundidad emocional, más serenidad que euforia, y un amor claro, sin idealizaciones ingenuas. Como la aguamarina, el vínculo ha aprendido a ser transparente y firme, y a protegerse de las tempestades externas sin perder su calma interior.
Y de esta forma, una vez más, la víbora quedó estupefacta, mientras el resto de los animales se retiraba complacido, ya ansioso por congregarse el año próximo para conocer, de buena tinta, el misterio de las Bodas de Granito